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Elinor y Marianne son dos hermanas de joven edad. Ambas se verán crecer de diferentes formas dentro del mismo marco inglés. Marianne, dotada de una belleza sin igual, parece estar hecha de sinceridad, sentimientos y emociones, de principios e ideales. Elinor de carácter discreto, dotada de belleza, aunque no tan característica comsense-and-sensibilityo la de su hermana, demuestra un buena educación y madurez. Se puede decir que son antagonistas. Elinor respaldará a su hermana menor cuando la vea en apuros sociales. Dicha sociedad que las rodea está basada en las buenas maneras, en el dinero y sobre todo en la búsqueda de un futuro ascendente en la misma. Para esto las muchachas no tienen más opción que procurarse un buen marido, o lo que viene siendo lo mismo, engatusar al galán al que se le atribuye más renta para vivir holgadamente.

La autora nos transmite lo frustrante e injusto que pudo llegar a ser en su tiempo la sociedad burguesa en Inglaterra para las mujeres. Así lo vemos cuando los muchachos que, en un principio corresponden a las jóvenes hermanas, las dejan de lado por conseguir otras damas que tengan mayor capital que ellas.

Sentido y Sensibilidad fue llevada al cine a igual que otras obras de Austen, como pudo ser Orgullo y Prejuicio. Ambas galardonadas y colmadas de buenas críticas.

Recomiendo esta obra para todo aquel que tenga un breve tiempo libre diario, y que muestre ganas de ver como poco a poco un libro que al principio no aparenta su real trasfondo, lo va llamando progresivamente y haciendo que no se pueda separar de él.

Lo recomiendo especialmente para 2º de Bachillerato.

Con referencia al libro El Corazón de Ulises de Javier Reverte,pretendo traer un poco de otros pasajes místicos y mitológicos, que a igual que al autor que estamos leyendo, han atraído a otros autores, tales como el gran Borges.

¿Cuantos libros, cuantos poetas y cuantos escritores nos han llevado de nuevo a los cimientos de lo que fue el inicio de nuestra cultura, los mitos? Son innumerables, y todos han relatado la versión que conocían de estos, pero sólo y únicamente Borges se atrevió y se permitio el lujo de describirnos la escena desde los ojos de uno de los personajes más conocidos y a la vez más inadvertidos de la Grecia clásica.

Ahora, sin más preámbulos ni dilaciones, os dejo uno de las pequeñas pero fantásticas huellas de este magnífico escritor.

Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la Tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que no hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el Sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, creo, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madre; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.

El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Loas enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprendiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos.

Claro que no me faltan distracciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suel, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos.) Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.

No sólo he imaginado eso juegos, también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes, la casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris, he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo steseo-y-el-minotaurous pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensangriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor, Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redeentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.

-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.

”Los caballos negros son,

las herraduras son negras…”

A simple vista da la impresión de que hay oscuridad o que al menos algo oscuro proviene de ellos.

`

”Sobre las capas relucen

manchas de tinta y de cera…

Tienen, por eso no lloran,

de plomo las calaveras…”

¿Manchas de tinta y de cera? Si… manchas de un pasado del que huirán por volverse en contra de los sentidos humanos. Sus cabezas son duras como el plomo, no sienten, no lloran. Han perdido el sentido de la vida, de la voluntad de uno mismo, de diferenciar entre el bien y el mal.

”Con el alma de charol

vienen por la carretera”

Se trata de otra referencia a la oscuridad de su ser. Corren bajo la luz de la luna trayendo la muerte.

”Jorobados y nocturnos,”

De noche galopan agachados sobre sus caballos.

”por donde animan ordenan

silencios de goma oscura

Por donde quieran que pasen, dejan silencio de goma oscura, es un silencio de muerte. Las botas de los jinetes callan el taconeo de los gitanos.

y miedos de fina arena.”

Miedos que entre en el cuerpo inevitablemente, como la fina arena de la playa, irritante, que se nos pega a la piel.
































































”Pasan, si quieren pasar,
y ocultan en la cabeza
una vaga astronomía
de pistolas inconcretas.”

Los mismos jinetes no están seguros acerca de la concienia de sus actos. Son pobres almas que esconden la inseguridad que llevan en su interior.

¡Oh ciudad de los gitanos!

….

París, aproximadamente 30 años después de la Segunda Guerra Mundial.

<<A los trece años rompí mi cerdito y me fui de putas>>. Moisés era un adolescente que pasaba desapercibido. El señor Ibrahim era un árabe que no era árabe. Y, ambos vivían en la calle Azul que no era azul.

 

Que relativo es el mundo que nos rodea. Cuanto puede cambiar que se abra una puerta o una ventana, y cuanto puede cambiar la felicidad de la falsa alegría.

 

(…)

El deseo trabaja como el viento. Sin esfuerzo aparente. Si encuentra las velas extendidas nos arrastrará a velocidad de vértigo. Si las puertas y contraventanas están cerradas, golpeará durante un rato en busca de grietas o ranuras que le permitan filtrarse. El deseo asociado a un objeto de deseo nos condena a él. Pero hay otra forma de deseo, abstracta, desconcertante, que nos envuelve como un estado de ánimo. Anuncia que estamos listos para el deseo y sólo nos queda esperar, desplegadas las velas, que sople su viento. Es el deseo de desear.

Sylvia está sentada al final de la clase, fila de la ventana, penúltimo lugar. Tras ella sólo tiene a Colorines, un colombiano vestido con un chandal de la selección epsañola que dormita a través del día. Sylvia cumple dieciséis años el domingo. Parece mayor, su actiud algo distanciada la eleva sobre sus compañeros. Esos mismos compañeros que ahora estudia.

( David Trueba, saber perder )