El corazón de uno mismo. (A la sombra de Conrad)

Imaginaos a una persona, a un pequeño crío polaco que soñaba con ser como los héroes de la nación inglesa, y que quizás se convirtiera en más que eso, un novelista inglés que nos llenaría a todos con sus aventuras relatadas en sus novelas. Marlow, quien no será más que una tapadera de su vida, relatará cada sentimiento, cada emoción y cada detalle del Congo.

Seguidme, os digo, imaginad en la noche, bajo la tenue luz de una farola, a un pequeño observando con admiración un mapa expuesto en un comercio de reliquias marinas. Imaginad a ese niño que soñaba con viajar, con entregarle su vida al mar. Cierto fue que a los 12 años quedó huérfano y un tío suyo se ocupó de él. Tuvo que aprender él sólo a dar sus primeros pasos como persona. Y aunque tuvo alguna que otra caída en la oscuridad al final logró salir a flote como el alba de cada día.

Ahora imaginad, no una cara de inocencia, sino una cara de seguridad, de fuerza, de ilusión. Unos ojos fijos, deslumbrando sus pupilas como si tuvieran luz propia. Y en el escaparate de una tienda la más envolvente oscuridad. Un montón de reliquias y cachivaches con sus historias propias, y un fondo fúnebre de madera gastada. No obstante, en lo más alto de la pared, un mapa es iluminado por una farola salida de la nada. El mapa es de cuero, de un cuero buenísimo. El pequeño lo mira y mira todos sus lugares, sobre todo le llama la atención un río que tiene forma de serpiente. Un río en una África que estaría siendo horrorosamente colonizada. Pero el crío sólo ve a esa serpiente secuaz y retorcida. Y a su vez dice <<Cuando sea mayor iré allí>>.  Y así fue que sus sueños se hicieron realidad. Una realidad oscura. Así pues, fue arrastrado a lo más profundo de su corazón en un viaje del que ni se habría llegado a preparar lo suficiente psicológicamente por mucho que lo intentara.

Fue así que el pequeño Conrad creció y cuando fue lo suficiente adulto nos relató sus aventuras con afán. En su llegada al Congo, Marlow, es decir Joseph Conrad nos relata su impresión destructora del coraje y los principios humanos de los hombres. Nos cuenta como las personas cambian allí, y como el instinto primitivo resurge de los principios de los tiempos .También nos expone, al inalcanzable y desdichado Kurtz. Mas, este ‘’también’’ es relativo, pues en ‘’El corazón de las tinieblas’’ podemos ver a un hombre que sobresale de entre los demás, no un hombre que viene a beneficiarse como todos, sino a un hombre con ideas claras. Kurtz era un hombre notable. ¿Realmente existió el tal Kurtz? Alguien que fuera llevado hasta la profundidad de las tinieblas, ¿habría sido capaz de sucumbir en ellas y lograr sus objetivos? Kurtz era un hombre notable decía Conrad, era un hombre que dio tanto por la selva, que al final su alma fue absorbida por ella.

 

De todas formas, el espirítu de Conrad no reside en la selva, reside en el mar. Reside en la bruma levantada por el oleaje, reside en el crepúsculo de cada día y reside en la vieja madera de un bergantín cuyo nombre seguramente no fuera El Nellie.

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About J.W.Simons

I was born and raised down in Shrewsbury. On a farm way back up in the woods.
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