Érase una Robinson del siglo XXI

11 de diciembre de 2008. Confusión.

La confusión me corroe. Desterrada, abandonada a mi suerte, aún con ojos desbordantes de incredulidad ante la realidad que se me presenta.

Lo último que recuerdo es la tempestuosa tormenta que se llevó por delante mis siete metros de eslora, un rápido velero llamado Fortuna. Vaya ironía… Tendría que haberlo llamado de otra manera para que se correspondiese conmigo. Pero parece que al mar no le ha parecido bien que hiciera tal alusión a la suerte mientras me tendía a su voluntad.  Ni que esto fuera un juego de envite… parece que he hecho la peor apuesta con este nombre.

Por el momento sólo sé que estoy en una isla, de no muchos kilómetros de longitud y ocultada bajo una masa de árboles taciturnos. Debo agradecer que, al menos no hay monstruosas fieras de las que huír. En un día me he recorrido toda la isla, o casi toda. Creo que no me he dejado ningun sitio sin explorar aunque, de todas formas, nunca he tenido una gran orientación ni sentido del espacio.

Aún no asimilo lo que está pasando. Me vienen a la cabeza los niños del Señor de las Moscas y pienso que espero que la diferencia de edad entre ellos y yo me permita no perder la cordura ante la situación.

No se como se llama este lugar, ni siquiera cómo llegué. Cuando las enfurecidas olas tiraron con mi barco, creo haber recibido un batacazo en la nuca, pues me duele. Después de aquello perdí el conocimiento. Supongo que el movimiento de las subordinadas a Poseidón, arrepentidas por su ofensa, me han arrastrado hasta aquí, ya que no encuentro otra explicación posible.

Al menos he tenido la suerte de llevar encima un pequeño bolso que llevaba atado a mi cuerpo. En él he encontrado esta libreta. Me imagino que a partir de ahora apaciguará mis excesivas horas en soledad.

12 de diciembre de 2008. Inutilidad

¡Vaya estación en la que me ha tocado naufragar! No podía tener menos suerte. Parece cosa de meigas. En pleno diciembre, ¡ay!

Este lugar es la supervivencia en estado puro. Comienzo a ser consciente de que he perdido todo aquello que me preocupaba en la vida diaria, y a establecer unos nuevos valores que rijan mi lucha por sobrevivir. Darwin estaba en lo cierto, la vida es una lucha constante en la que sólo sobrevive el más fuerte. En la sociedad humana, anteponemos nuestra prioridades humanas (muchas veces, caprichos) a las de la naturaleza. En ella, el humano controla el medio que lo rodea. Pero ahora es el humano el que se encuentra a menester de la naturaleza, y que comienza a comprender lo que es el miedo. El simple suministro de alimentos se ha vuelto toda una aventura. Por el momento me estoy alimentando con los frutos obstinados que permanecen en los árboles. Pero, ¿qué pasará cuando mi cuerpo sienta la necesidad de comer carne?  Tendré que cazar.

No sé como hacerlo, aquí en medio de la naturaleza en estado puro me doy cuenta de que no sé nada. ¡El ser humano es el animal más inútil y torpe de todos cuantos Rea se ha decidido a procrear! No tengo zarpas, ni colmillos afilados, ni soy muy rápida, ni siquiera vuelo o soporto más de unos escasos minutos sumergida en el agua. Lo único que me distingue de los pájaros y serpientes que me rodean es mi inteligencia, la única característica a favor del hombre. Pero no estoy acostumbrada a usarla siquiera en un ambiente parecido. Soy un animal nacido en cautividad que tiene que enfrentarse a la realidad. Me he dado cuenta de cuanto tiempo llevamos los seres humanos sin enfrentarnos a ella. ¡Nos hemos creado un microcosmos para nosotros! ¡Y lo peor es que la mayoría vivimos encerrados en él sin mirar más allá!

 O más bien… vivíamos. No se decir si echo de menos la facilidad que me suponía vivir en sociedad o el simple hecho de comprender el medio que me rodeaba.

El humano no es más que una hormiga en un terreno tan hostil como la propia Tierra.

17 de diciembre de 2008. Impotencia.

Frío, lejanía, agua y más agua. Llueve, relampaguea, después un poco de tranquilidad y otra vez a lo mismo. Siempre la misma monotonía,¡no lo soporto más!

Mis ropas están desechas, mi cuerpo está lleno de heridas y moretones. ¡Este mundo alejado de la mano del hombre es un infierno!

No sé que hacer. Ya no quedan frutas ni nada que llevarme a la boca que no sea de origen animal. He pensado en comer las raíces de algunos árboles, pero aún aquí metida me siguen dando asco los insectos.

No quiero cazar. No quiero.

18 de diciembre de 2008. Realidad.

No me ha quedado otra. Lo he hecho. He matado a otro animal con mis propias manos. He matado a un conejo, lo he matado y con una pequeña hogera lo he calentado y me lo he comido. No sabía a nada parecido que hubiera comido antes.

Pero es lo que hay, el curso de la vida, la vuelta al inicio de todo. Allí me encuentro yo, en el inicio. Sin civilización, sin nadie. Pienso acerca de todos mis conocidos y amigos. Reflexiono.Ahora comienzo a entender en cierta forma sus comportamientos y acciones. Nunca había meditado tanto antes de llegar aquí.

Es extraño. todo nuevo y sin embargo, creo que estoy dando mis primeros pasos para mi supervivencia. Tanta tranquilidad, es un lugar tan apaciguado y relajado… Tan aburrido…Ahora parece que ya lo he visto todo con el aburrimiento. La tristeza me inunda.

19 de diciembre de 2008. Soledad.

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About J.W.Simons

I was born and raised down in Shrewsbury. On a farm way back up in the woods.
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3 Responses to Érase una Robinson del siglo XXI

  1. Nana dice:

    Aish!Que ganas de tener tiempo para poder leerlaa!

    Un besito =)

  2. Nana dice:

    Vaya me equivoqué xD el post anterior era para Sentido y sensibilidad

    Érase una Robinson del siglo XXI me ha dejado impresionada, ya lo sabes

    Como se puede escribir tan biien!

  3. arancha dice:

    Muchas gracias por los comentarios, me animas mucho 🙂

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